lunes, 15 de julio de 2013

Campanas de Teror. Contribución al estudio y catalogación de las campanas de Gran Canaria (IV)

Viene de: Campanas de Teror. Contribución al estudio y catalogación de las campanas de Gran Canaria (III)

10. LOS RELOJES:

            Al igual que sucede con las matracas, los relojes de las iglesias están íntimamente relacionados con las campanas. Tal es así, que muchos campaneros también ejercieron como relojeros, como tuvimos ocasión de comentar en el capítulo dedicado a este oficio. Como ya se encargó de señalar Vicente Hernández Jiménez, en una de sus obras dedicadas a Teror, la instalación de un reloj público en las sociedades tradicionales ―en las que la posesión de uno de estos artefactos sólo estaba al alcance de unos pocos― siempre tuvo el carácter de problema de capital importancia (Hernández Jiménez, 1991, 97).
En el caso concreto de la Basílica del Pino, aunque tenemos constancia del uso de relojes desde al menos el siglo XVII[1], parece que el uso de un reloj de carácter «público» se remonta al siglo XVIII. Así se deduce a raíz de la descripción, que en 1774, hizo de la iglesia el cronista Isidoro Romero y Ceballos, quien da cuenta de la «gran torre con su reloj»[2]. No obstante, la pieza que hoy se conserva data del año 1851, si bien las gestiones para su instalación ya fueron iniciadas algún tiempo antes por el obispo don Buenaventura Codina. Así, en el primer libro de actas del Ayuntamiento de Teror figura una petición del prelado ―con fecha de 14 de octubre de 1850― en la que insta a «poner un relox con su correspondiente campana en la yglecia de esta parroquia» con la condición de que fuese la propia corporación la encargada de contribuir con lo necesario para la obra del campanario o torre donde se tuviese que poner aquella (DOCUMENTO 8). Para su ubicación fue necesaria la construcción del actual espadaña de cantería que remata la parte central de la fachada, cuyas obras se retrasaron hasta el año 1853 (Hernández Socorro y Concepción Rodríguez, 2005, 128). Como era habitual, el montante y costos de las obras fueron sufragados por medio de una suscripción popular, interviniendo de forma especial una de las heredades de aguas de la localidad. Aunque desconocemos la identidad del fabricante, nos consta su procedencia valenciana. En el año 1989 fue «restaurado» perdiendo algunas de sus piezas originales, entre las que cabe destacar su esfera original, pasando desde entonces por diferentes dependencias municipales. Por el mismo medio de suscripción popular fue adquirido, en 1967, el reloj que luce la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, cuya fabricación se debe a la empresa Viuda de Murua ―también con gran tradición en la fundición de campanas― con sede en Vitoria. En este caso, es de significar la aportación económica realizada por la comunidad de parroquianos emigrados a Venezuela[3].


Figura 10.1. La torre amarilla y el reloj de la Basílica del Pino en una vieja instantánea de Luis Ojeda Pérez (ca. 1890).


Figura 10.2. Factura del costo y montaje del reloj de horas y cuartos instalado en la Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en 1967, por la empresa Viuda de Murua (Vitoria) ―con tradición en la fabricación de campanas― y sufragado con los donativos de los devotos de la imagen.

11. CAMPANILLAS DE MANO:

 Además de las campanas instaladas en las torres y espadañas, conservan las iglesias distintas campanas de mano destinadas a tañer a sanctus durante el acto de la consagración. A diferencia de lo señalado para las campanas de mayor tamaño, estas piezas ―dado su evidente valor artístico― han suscitado el interés de los historiadores del Arte, quienes las han incluido en sus estudios sobre platería y objetos litúrgicos. Acaso, los ejemplos más interesantes sean las denominadas campanas de Malinas ―llamadas así por proceder de esta ciudad flamenca― de estilo renacentista, entre las que cabe destacar la campanilla de altar de la Iglesia de San Amaro (Puntagorda, La Palma) así como la que se conserva en la Real Sociedad Económica de Amigos del País de Tenerife, obra de Jan van den Eynde ―o Johannes el joven― y fechada en 1552 (Pérez Morera, 2003, 256-257), (Pérez Morera y Rodríguez Morales, 2008, 256-257). Los libros de fábrica de la Basílica del Pino, también reflejan el uso de este tipo de instrumentos. Así, durante la visita a la parroquia del provisor Luis de Padilla, en 1560, se menciona «una campanilla chiquita para tañer a sanctus» (Sánchez Rodríguez, 2008, 34). Posteriormente, anotaciones como ésta serán muy frecuentes. De escaso mérito artístico, pero con valor etnográfico y etnológico, es la pieza que se expone en una de las vitrinas del tesoro de la Parroquia del Pino. Se trata de una campanilla que se empleaba para la ceremonia del viático ―de la que desconocemos cualquier dato sobre su autoría, cronología o procedencia― con la que se anunciaba el traslado o paso de la sagrada forma que se administraba a los enfermos en peligro de muerte.


Figura 11.1. Aunque de escaso valor artístico, las campanillas de mano poseen un enorme valor etnográfico y litúrgico, dado que su utilización tenía lugar en una sociedad tradicional. Ilustra estas líneas una campanilla para el viático ―en la actualidad expuesta en una de las vitrinas del camarín de la Basílica del Pino― generalmente tañida por un monaguillo o monigote con la que se avisaba del paso del sacramento de la eucaristía que el párroco de la localidad administraba a los enfermos en peligro de muerte.

12. CONCLUSIONES:

Las campanas y sus toques forman parte de nuestro patrimonio cultural. A lo largo de estas páginas se ha puesto de manifiesto el papel relevante que desempeñaron en la sociedad tradicional. Sus tañidos marcaban señales horarias, oficios religiosos, fiestas y solemnidades, rogativas, peligros y actos de carácter civil. Pero también, eran portadoras de sentimientos y estados de ánimo ―cuando no de orientaciones políticas― como tuvimos ocasión de comprobar con los incidentes habidos entre el alcalde y el párroco de Teror, con motivo de la epidemia de cólera de 1851; o la multa impuesta al rector de la vecina parroquia de Valleseco, por tocarlas durante la celebración de un mitin laico, acto que fue interpretado como una manifestación antirrepublicana.
Tradicionalmente, el interés por estos evocadores instrumentos se ha centrado en señalar el año de compra o colación de la pieza, peso, precio y lugar de procedencia. Mientras que por su parte, las menciones al maestro fundidor han sido siempre más raras y ocasionales. También han suscitado interés sus tañidos y toques, existiendo varios trabajos dignos de mención, tal como pudimos comprobar en el capítulo introductorio. Pero sin duda, han sido las campanas de la Catedral de Santa Ana las que mayor atención han recibido por parte de eruditos e investigadores, sin bien aún falta un estudio que las trate en su conjunto. Por el contrario, los bronces de muchos de los conventos, iglesias y ermitas del resto de Gran Canaria, aún permanecen pendientes de estudio. Y es que a día de hoy no existe un trabajo monográfico ―o simple inventario― que nos permita ponderar la importancia de este capítulo de nuestro patrimonio cultural. Y si bien es cierto que existen un buen número de publicaciones de tipo local en las que siempre se dedica un capítulo ―o en su defecto, unas breves líneas― a las campanas del lugar, éstas también adolecen ―salvo contadas excepciones― de las mismas limitaciones que indicamos más arriba. Por su parte, aspectos como el del propio oficio de fundidor ―de los que tampoco existe un catálogo― o el de campanero, son aún prácticamente desconocidos. También lo son las inscripciones epigráficas, así como los motivos ornamentales e iconográficos que lucen muchas campanas. Y otro tanto se podría decir de sus aspectos más simbólicos o mágicos, junto con las leyendas o practicas rituales que han surgido en torno a estos instrumentos, de las tampoco se conoce lo suficiente.
Precisamente, han sido en estos últimos aspectos en donde hemos intentado aportar alguna novedad. En nuestro caso, circunscrita al municipio de Teror y a sus edificios religiosos más señeros: la Basílica de Ntra. Sra. del Pino (1767), el monasterio de religiosas bernardas de la orden del Cister (1888), la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús (1918), la dedicada a Ntra. Sra. de las Nieves (1943), así como sus ermitas históricas (s. XVI-1666/1787) ―ambas en el barrio de El Palmar― y finalmente la ermita de San Isidro (1685), sita en el barrio de los Arbejales. Sin embargo, lo exiguo de la muestra y lo restringido del territorio, no nos ha permitido ir más allá de la mera descripción formal de cada una de las campanas, o de la simple transcripción de sus textos. No obstante, como ya se encargó de indicar el especialista Salvador Mollà i Alcañiz, se hace imprescindible llevar a cabo un tratamiento estadístico de dichos motivos decorativos o iconográficos, así como el estudio de su evolución a través del tiempo, su posible influencia por la evolución de los estilos artísticos, además de indicar el lugar que ocupan en la campana, los cambios en las advocaciones y representaciones, o los posibles antecedentes librarios, escultóricos o pintados. Por su parte, y en lo relativo a las inscripciones del objeto, aspectos como la tipología de la escritura o el lugar que ocupan en la campana tampoco resultan irrelevantes. Además, su estudio sistemático puede contribuir a completar nuevas líneas de investigación puestas en marcha en Canarias, especialmente el estudio de la llamada «escritura expuesta» en Gran Canaria, llevada a cabo con éxito por el especialista Manuel Ramírez Sánchez.
Sin embargo, toda investigación de carácter científico daría como resultado un esfuerzo en vano si las conclusiones del trabajo no revierten en la sociedad, o carecen de algún tipo de aplicación práctica. En este sentido, la simple realización de un catálogo de las campanas de Gran Canaria ya tiene importancia per se, ya que nos va a permitir valorar y conocer el número, calidad y estado de conservación de las piezas, con lo que ello implica de cara a la realización de posibles labores de restauración, así como de la incoación y declaración como bienes de interés cultural en la categoría de Bien Mueble, a aquellas piezas más excepcionales. Tal podría ser el caso de la mentada campana de Heynricvs de la parroquia de San Pedro de Bañaderos (Arucas), acaso el bronce más antiguo de Gran Canaria ―datado en el año 1527 y de probable origen holandés o alemán― necesitado de una restauración o limpieza ―ha sido pintado posteriormente― y merecedor de ocupar un lugar más digno y decoroso que el actual, acaso el Museo Diocesano de Arte Sacro. Otro tanto podríamos decir de las campanas catedralicias, de enorme valor histórico y mérito artístico, pero cubiertas por espesas capas de excrementos de palomas. En este caso, se hace urgente su limpieza, así como la instalación de algún elemento disuasorio o anti-aves, que las pueda degradar.
Por su parte, y debido a su naturaleza intangible, se hace imperativo realizar un estudio o registro sonoro de los toques y tañidos tradicionales de las campanas de nuestros templos. Ya en su estudio varias veces citado, Josemi Lorenzo Arribas, propone ―al modo que se hace en los cortes musicales del CD― registrar en todos los lugares que se pueda, los toques de manos de los propios sacristanes y campaneros, al objeto de «garantizar el registro de un lenguaje que está condenado a perderse irremisiblemente». Asimismo, iniciativas como la declaración de Bien de Interés Cultural Inmaterial, a favor de los toques manuales de campanas en la iglesia parroquial de la Asunción de Ntra. Sra. de Albaida, en el Campanar de la Vila de Castellón de la Plana, en la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santa María de la Asunción de Segorbe y en la Santa Iglesia Catedral Basílica Metropolitana de Santa María de Valencia, por la Consellería de Turismo, Cultura y Deporte de la Comunitat Valenciana, constituye todo un ejemplo a seguir. Sin duda, los toques tradicionales y las composiciones musicales dedicadas a nuestras campanas catedralicias, poseen el mérito suficiente para ser distinguidos de la misma manera. Asimismo, el diseño de rutas y visitas guiadas a los campanarios ―siempre con las cautelas y medidas de seguridad necesarias― pueden completar y enriquecer la oferta cultural y turística de la Isla. Y si a estas rutas temáticas les unimos la celebración de conciertos de campanas ―como los llevados a cabo en el barrio histórico de Vegueta, durante la década de los 90― o las complementamos con recitales literarios o actuaciones musicales ―de las que ya hemos señalado algunos ejemplos (DOCUMENTOS  11, 12 Y 16)― el éxito quedaría garantizado. Sin duda, una parte integrante de estas rutas culturales tendría que ir encaminada al conocimiento de nuestras matracas y relojes, también necesitados de un estudio y análisis que los ponga en valor.
Finalmente, por lo que se refiere a la localidad de Teror y de sus campanas, objeto del presente trabajo, nos permitimos hacer las siguientes consideraciones. De un lado, la necesidad de restauración y recuperación de la matacra de la Basílica del Pino, una pieza del siglo XIX que bien podría volver a ponerse en funcionamiento durante la celebración de la Semana Santa. Lo dicho sería de aplicación al llamado esquilón (1862) el cual presenta una raja en su parte media, que lo ha dejado inutilizado. Asimismo, proponemos el cambio de orientación de la denominada campana mediana (1829) cuya cruz de calvario ―en contra de la costumbre― está erróneamente orientada hacia el interior del campanario, desvirtuando por tanto su función simbólica. Y finalmente, abogamos por el «retiro» de la campana de los cuartos, el bronce más antiguo de la localidad (1764), cuyos relieves se encuentran ya muy desgastados ―además de presentar pérdidas en su pie― y que tras una restauración, podría ser expuesto junto con el resto del ajuar litúrgico de la Patrona de Gran Canaria.

13. FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA:

FUENTES DOCUMENTALES PRIMARIAS:

Archivo Parroquial de Ntra. Sra. del Pino de Teror
Archivo Parroquial del Sagrado Corazón de Jesús (Teror)
Archivo Municipal de Teror
Archivo de El Museo Canario

DOCUMENTOS ELECTRÓNICOS:

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YÁNEZ RODRÍGUEZ, José Luis: El Palmar de Teror. Anroart Ediciones, Las Palmas de Gran Canaria, 2006.





[1] Nos referimos al reloj donado a la parroquia por el canónigo don Juan González Falcón (DOCUMENTO 3).
[2] Comunicación personal de Vicente Suárez Grimón. Véase a (Suárez Grimón y Sánchez Ojeda, 2002, 663).
[3] En el archivo parroquial se conserva el documento donde figura la identidad de los donantes y sus aportaciones económicas.

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